La Cumbre Escarlata y el Guillermo del Toro más romántico

Enmarcada entre el terror y un drama romántico, La Cumbre Escarlata vio la luz en España el pasado 16 de octubre, mostrando con ello al Guillermo del Toro más romántico y alejado de lo fantástico de los últimos tiempos.

El autor mexicano presenta en esta ocasión la historia de Edith Cushing, una aspirante a escritora interpretada por Mia Wasikowska que, tras debatirse entre su amor de la infancia – el Dr. Alan McMichael, al que da vida Charlie Hunnam– y Sir Thomas Sharpe, un Tom Hiddleston al que acaba de conocer, se casa con éste y se muda a una casa en la cima de una montaña de arcilla color rojo sangre con él. Allí, convivirá con la hermana de su nuevo esposo, Lady Lucille Sharpe (Jessica Chastain) y con los secretos que alberga la residencia, que respira, sangra y está llena de recuerdos.

Sin abandonar su habitual estilo, Del Toro emplea lo fantástico para adentrarnos en una trama que es, sin embargo, mucho más terrenal y que se desarrolla en torno a los errores del pasado, las luchas de apellidos, las herencias familiares y el amor.

Guillermo del Toro se mantiene puro en este largometraje que, sin embargo, se descubre como uno de los que menos explotan el particular universo del autor. El filme se caracteriza por una falta de ritmo que mantiene su secreto oculto, aunque no imprevisible, hasta el desenlace, algo que compensa finalmente con una mezcla de sangre, fantasmas, hachas y amor.

La Cumbre Escarlata repite muchos de los leitmotivs típicos del mexicano, ahondando en su habitual estética gótica y sobrenatural, y hace un homenaje a muchos referentes del género de terror, como El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980) o Terciopelo Azul (David Lynch, 1986).

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