La añoranza de Breaking Bad

Hace menos de un año, Walter White fallecía en un final más parecido a una auténtica obra de arte que acababa con una serie histórica y un personaje histórico.

En el momento en el que veía Breaking Bad tenía una novia que me decía que me había convertido en un “friki” de la serie (no entiendo por qué si me vi la cuarta temporada en solo dos días para coger el hilo de la serie, lo raro es que en lugar de por su nombre no la llamase Skyler). No quiero pensar que dirá cuando llegue a leer esto. Bueno sí, pensará que menos mal que me envió a freír espárragos, todo sea dicho.

walter white muerte

fuente: Vaya Tele

Lo cierto es que el vacío que tengo, por lo de Breaking Bad no por lo de la pareja, es imposible de llenar. Lo intenté con Homeland, Juego de Tronos, House of Cards o Sons of Anarchy. Nada, imposible. Eso sí, tengo que reconocer que estuve a punto de ponerle los cuernos con True Detective. Y es que en mi sueño con esta serie, decidí que era mejor ser detective que crear metanfetamina azul (este hecho os dará una idea de por qué me llamaba friki). Mi desesperación llegó a tal punto que incluso intenté sustituirla con El Principe o Velvet. Sí, definitivamente, me dejó tocado. Más que frikismo sería locura.

Y es que Breaking Bad es la obra de arte llevado a la televisión. Si había dudas sobre la existencia de la perfección, Vince Gilligan acabó con ellas. Simplemente colosal. Incluso el final fue apoteósico, sobre todo, porque cuando algo es tan bueno, siempre se tiene miedo a un posible final que mande al traste lo conseguido en toda la serie, véase Perdidos.

Y es que más allá de la trama, exquisita (lo sé, soy repetitivo, pero hay tantos calificativos…), lo más destacado es el nivel de los actores. Cuanto más evolucionaban los personajes, más se apreciaba la calidad de los mismos. En este punto, más allá de los dos protagonistas, hay que destacar a Dean Norris (Hank) y Anna Gunn (Skyler). El policía y cuñado parecía que, dentro de su inteligencia, era tan tonto que no se daba cuenta de nada. Mentira. Sabía todo, pero era discreto. Y lo interpretó a la perfección. El papel de Anna Gunn, va más allá. La mujer de Walter White llegó a provocar incluso el odio de los espectadores. Y la verdad, hay que ser muy buena para hacer eso. Pero no son los únicos, Bob Odenkirk (en su papel de Saúl Goodman) o Jonathan Banks (Mike, fiel escudero de Gus Frings) estuvieron espléndidos, especialmente, cuando creció su protagonismo.

Y ya acabo. Necesitaba desahogarme. Decir que echo de menos Breaking Bad. Tanto, que de vez en cuando voy a KFC buscando similitudes con los Hermanos Pollos. Sí, con este final, con esta confesión última, entenderéis lo de friki. Eso sí, os quedará una pregunta ¿cómo pudo estar una chica con alguien así?

Esta entrada fue publicada en Television. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *