El problema de vivir en una película

Hace unas semanas salía a las carteleras de los cines españoles la película “Perdona si te llamo amor”. Se trata de una nueva adaptación cinematográfica de un libro de Federico Moccia. Es la tercera obra del autor llevada al cine tras “A tres metros sobre el cielo” y su segunda parte, “Tengo ganas de ti”.

En esta ocasión, se nos cuenta la historia de amor entre Niki, una joven de 17 años, y Alessandro, un exitoso publicista de 37 años cuyo éxito en el trabajo es totalmente opuesto al amoroso, terreno en el cual ha vivido un sinfín de desengaños. La historia no nos cuenta nada nueva. Que si estamos juntos, que si te quiero, que si la edad, que si la familia no lo acepta, que si me pongo celoso de tu ex…vamos nada nuevo bajo el sol.

perdona si te llamo amor

La decadencia del cine español cada vez es más patente. Se basa en adaptar libros de amor, o de desamor según como se mire, con actores como Mario Casas, con nula capacidad interpretativa, pero con una sonrisa y un cuerpo inmejorables capaz de tapar todo lo demás, y con un público objetivo: las quinceañeras que se mueren por dichas abdominales.

Es precisamente esta generación el principal problema. Por un lado, tendremos el problema de que nunca apreciaran la calidad. Actores como Mario Casas o Hugo Silva siempre serán mejores que los  McConaughey y compañía, o películas como “Perdona si te llamo amor” superiores a “Django”, por poner solo un ejemplo de películas actuales. Así le va al cine español…

Por otro lado, el creer que en la vida real existen historias así. Hace unos días me asusté cuando decidí acudir a ese bodrio amoroso llamado “Perdona si te llamo amor”. Una chica, del perfil ya descrito, pedía a su novio que le atendiese así. Que le regalase flores, que la cuidase de la misma forma, que la despertase así todos los días. El chico, el cual aún estaba a la pubertad, aseguraba que cuando llegase a esa edad lo haría. La respuesta fue la siguiente, literal, “no sé si podré aguantar tanto tiempo sabiendo que nuestra relación podría ser tan bonita y no quieres que lo sea”. En ese instante la duda era quién estaba más perplejo, si el joven, aún plagado de espinillas, o un servidor.

Lo único claro es que este tipo de mentiras románticas, catalogados como película por llamarlos de una forma, causan un problema a quienes creen que existe esta realidad ficticia. En ese momento yo le hubiese hablado de mis experiencias, la pobre caería redonda, sin embargo, decidí hacer otra cosa. Me uno a su mundo, quiero vivir en una realidad de película, eso sí, en mi caso, y más crecidito, esperaré a empezar con esta vida cuando salga a las carteleras “Cincuenta sombras de Grey”.

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